Las plantas invasoras de la Axarquía (XV): El cacto aleznado (Austrocylindropuntia subulata)

El cacto aleznado, también conocido como cholla o alfileres de Eva (Austrocylindropuntia subulata), es un árbol (fanerófito) no leñoso, suculento perteneciente a la familia Cactaceae, de origen neotropical (América del Sur, probablemente los Andes peruanos), que alcanzar 1-4 m de altura. Tallos cilíndricos, carnosos, suculentos, de hasta 50 cm de longitud, muy ramificados, tuberculados, más bien frágiles. Sus hojas son puntiagudas o aleznadas (de donde toma su nombre), persistentes, de hasta 12 cm de longitud, aréolas situadas en la parte superior de los tubérculos, 1-4 espinas por aréola, erectas, fuertes, rectas, de color blanco grisáceo, de hasta 8 cm de longitud, desprovistas de vaina. Flores rojas, de hasta 6 cm de longitud, poco abiertas en la antesis, no superando los 6 cm en la antesis, pericarpelos alargados, tuberculados, aleznados, con escamas erectas de hasta 2 cm de longitud. Frutos ovoides a oblongos, de aspecto muy parecido a los tallos, persistentes, algo espinosos, de hasta 10 cm de longitud, a veces prolíferos dando flores al año siguiente lo que hace que entonces se dispongan en cadena. Semillas subtetraédricas, abundantes.

Suele encontrarse en bordes de caminos, roquedos, matorrales (generalmente, aunque no siempre, degradados o seriales) y, en ocasiones llega a las playas que no están controladas para el turismo. Florece de mayo a julio. Su reproducción es sexual pero también vegetativa, a partir de fragmentos de sus tallos suculentos. La diseminación es zoócora, generalmente aves.

Como muchas otras cactáceas, es una planta adaptada a ambientes áridos y soleados de altitud, con fuertes oscilaciones térmicas, propias de zonas montañosas situadas en lugares de baja pluviosidad. Por este motivo no toleran las heladas, el encharcamiento del suelo y la sombra densa, tampoco la salinidad, y en cambio toleran bien las heladas, las oscilaciones térmicas, la sequía y los vientos fuertes que se dan en sus ambientes montanos de origen.

En su región de origen esta planta se empleaba para obtener agujas. Luego fue importada por los primeros españoles que llegaron a América, como rareza botánica, con fines inicialmente ornamentales, para jardines, aunque posteriormente, debido a su carácter espinescente y fácil mantenimiento, se ha usado también para lindes, setos vivos o bien como cerco para ganado. En la farmacopea tradicional se ha utilizado sus hojas y frutos por supuestas propiedades medicinales para tratar enfermedades respiratorias, balsámicas, antisépticas, expectorantes, mucolíticas, antiinflamatorias, etc. La leche de sus ramas se usaba para secar verrugas, etc.


Aunque su introducción fue intencional, dirigida únicamente a determinados usos, en la práctica ha demostrado tener una gran capacidad invasiva, por su vigor, alta valencia ecológica y capacidad para formar rodales densos que impiden la implantación de especies autóctonas, por lo que su impacto es principalmente ecológico. Por otra parte, sus espinas suelen dañar a la fauna silvestre, principalmente mamíferos. Si bien no se puede considerar que sea una especie con un profundo o notable efecto sobre los ecosistemas nativos (antrópicos o seminaturales), debe destacarse que presenta unos requerimientos ecológicos muy semejantes a los de Opuntia ficus-indica, especie que ha demostrado un potente comportamiento invasor en España, y de forma especial en Andalucía.

Para su control puede procederse a la corta y arranque de las plantas enteras (manualmente o con maquinaria), revisando después la zona a conciencia para retirar cualquier fragmento de tallo, ya que enraízan y regeneran un individuo con facilidad por vía asexual. Aunque no se conocen experiencias previas, se ha recomendado intentar, tras una corta con motosierra hasta la base de la planta, practicar un aporcado, dar un riego abundante y cubrir los tocones con plástico negro, para favorecer la pudrición, como Botrytis que infectan y matan a la planta en pocos días en condiciones de encharcamiento o de humedad edáfica más o menos permanente si bien este método sólo sería practicable en rodales pequeños. El grado de dificultad, a escala de rodal es bajo. A escala mayor, como un paraje protegido, la dificultad puede ser media y a escala regional se considera muy alto.

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